
Knowing (conocida en español como Cuenta Regresiva, Señales del Futuro y Presagio) introduce una premisa más que inquietante: nadie puede salvarse del fin del mundo. Bajo esa proposición, se desarrolla una idea que si bien no es del todo original, puede resultar atractiva: con motivo de la inauguración del colegio, un grupo de estudiantes guarda en una cápsula del tiempo una serie de dibujos. Lucinda Embry, sin embargo, en vez de dibujar cómo imagina el futuro, escribe una secuencia numérica sin lógica aparente. Cincuenta años después, cuando la cápsula es desenterrada, la hoja con los misteriosos números va a parar a manos de Caleb, hijo del viudo profesor de física John Koestler. Es este profesor quien descubre que la secuencia numérica no es azarosa, sino que profetiza los más siniestros accidentes a lo largo de los años. Algunos ya han ocurrido… otros aún no.
El estilo tradicionalista con que comienza el filme pronto se ve contrarrestado por inquietantes escenas de suspenso y misterio e impactantes secuencias catástrofe, de un despliegue visual y una potencia sonora digno del mejor cine de acción. Pero no tenemos que creer que el filme es una seguidilla de escenas de explosiones o automóviles volando por los aires, porque no lo es. En efecto, Knowing: Cuenta Regresiva se diferencia notable y favorablemente de otros filmes del género. Nuestro héroe no tiene ningún poder sobrenatural o una fuerza bruta para evitar el apocalipsis, sino que es un simple profesor de física quien un día descubre la profecía de Lucinda. John Koestler es el estereotipo de héroe trágico: un personaje que ha sufrido una fuerte pérdida sentimental incapaz de superar, distante de su familia, inmerso en una vida normal, a quien un día le llega una profecía que pondrá en juego su propia vida y la de su hijo. Héroe por accidente, deberá luchar para evitar las tragedias y salvar al mundo.

Pero como puede evitarse el apocalipsis? Puede un simple mortal detener el fin del mundo? Éste es el gran clímax de la película, los minutos finales donde el protagonista alcanza su punto máximo, donde debe enfrentar sus problemas y resolverlos. Es en esta instancia donde nos preguntamos ¿podrá fulano resolver esto?.
Y vaya problema que tiene nuestro amigo John Koestler! Tratar de evitar el apocalipsis, salvar a su familia y mantener a salvo a su hijo. No creo que nadie quiera estar en sus zapatos.
Frente a este problema (o como respuesta a la pregunta del clímax) los realizadores tenían dos alternativas: el protagonista logra salvar al mundo o, en efecto, el mundo se destruye. Ambas opciones parecen encerrar un serio problema: si Koestler logra detener el fin del mundo, la profecía de Lucinda carecería de efecto y por ende, nunca podría haberla profetizado porque jamás hubiese ocurrido. Entonces la premisa del filme se caería a pedazos. En cambio, si se opta por la segunda opción, todos morirían y la película terminaría en la tragedia absoluta, ya que nadie puede salvarse de la destrucción total del planeta. Entonces el protagonista no cumpliría con su objetivo, la lucha carecería de efecto y habríamos estado mirando dos horas de película para finalmente ver a todos morir.
En tremendo embrollo se metieron los guionistas. Crearon un enemigo tan grande, tan amenazante y tenebroso (del apocalipsis nadie se salva) que nadie pareciera saber como vencerlo (lo vencerán?).
Y es en este punto donde el filme encuentra su mayor defecto. Deja de ser una película de suspenso para transformarse en una de ciencia ficción. Porque, vamos, no hay otra manera de salir de semejante embrollo que no sea empleando ciencia ficción. Y como tal, resulta. Los fanáticos del género van a quedar satisfechos porque, francamente, es estupendo. No sólo en cuanto a efectos especiales, estética visual y tratamiento sonoro (todo impecable), sino también por su concepción, por el tratamiento poético, metafórico, alegórico, que se le da a cada escena. El plano con que cierra el filme es bellísimo, de una analogía tan fuerte –no puedo decir con qué y no saben como me cuesta contenerme- capaz de hacernos poner la piel de gallina, mientras nos hace pensar en una de las teorías –quizás la menos aceptada y polémica- de nuestro propio origen como humanos en la Tierra.
Pero Knowing: Cuenta Regresiva no es un filme de ciencia ficción, o al menos no lo era durante los primeros tres cuartos de película. Y ese es el gran error. Hubo un drástico cambio de género hacia el final, descolocando al espectador, haciendo completamente inverosímil la trama. Si comenzamos viendo una película de suspenso, tendríamos que terminar viendo una película de suspenso.
Si nosotros creemos en que David de Inteligencia Artificial es un robot semejante a un niño de carne y hueso es porque desde el principio sabemos que es una película de ciencia ficción. Pero si vemos al mismo David aparecer en el final de Cumbres Borrascosas nos va a resultar absurdo. Eso es la verosimilitud de un filme, la capacidad de creer en elementos dentro de su propia diégesis.
Ese es el fallo en Knowing: Cuenta Regresiva, donde nos plantean dos películas en una: una de suspenso y otra de ciencia ficción. Las dos son estupendas, las dos tienen lo mejor del género. Pero juntas no funcionan, porque se nos presentó por separado. Y verdaderamente es una pena, porque se derrocha un increíble talento narrativo y estético. El final en sí es maravilloso, plenamente metafórico e inclusive emotivo. Si el filme hubiese mantenido la misma línea todo el tiempo hubiese sido, francamente, estupendo en su totalidad.
Personalmente creo que Knowing: Cuenta Regresiva es una película que hay que ver y que puede disfrutarse enormemente. A pesar de este tropiezo hacia el final, el filme es maravilloso y es evidente el esfuerzo de los realizadores en presentar un filme de calidad narrativa y estética, introduciendo escenas asombrosas y de alto impacto visual y auditivo, elementos de suspenso, intrigas y personajes misteriosos. Y lo mejor de todo: empapar la trama con temas que me parecen sumamente apasionantes, como el origen y el fin de la humanidad, el universo, las probabilidades y el destino.
Cuenta Regresiva es una película que no sólo disfrutarán todos aquellos amantes del suspenso, la acción, el cine catástrofe y la ciencia ficción, sino también todos a quienes les resulta apasionante comprender un poco más a esos seres tan diminutos, tan nada, como los seres humanos.